Entre miradas distraídas

 

Una de las grandes virtudes del hombre es la capacidad que tiene de búsqueda y yo sin duda no me quedó atrás en estos menesteres de la vida. No sé bien en qué momento de la vida entendí que lo mejor que me podía pasar era preguntar a las personas a las que tengo enfrente aquello de lo que no estoy segura, así que sin darle rienda suelta a la actividad he ido llevándolo a la práctica poco a poco.

En mi lejano mundo era imposible que yo me sumergiera en una biblioteca a pasar el día, a quemar horas y aprovechar las tardes estudiando mientras que existe la luz. Todo es cuestión de irse acoplando a las nuevas necesidades básicas del ser y la continúa urgente mía era dormir de noche y estudiar de día.

 

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