Carta del Presidente

Hace un mes me hice socia de la casa de Madrid en México. Tiene, sin duda alguna, mucho que ofrecerme y yo estoy con los brazos abiertos dispuesta a recibir todo. Surgió una inquietud de ayuda a este proyecto, así que me direccioné con el organizador del evento, rellené mi solicitud de manera rápida y poco expresiva, pagué mi correspondiente cuota y en un zaz cuaz ya era miembro de la Casa. Después de un intercambio de palabras le hice saber de mi interés en participar activamente en su proyecto. Pasaron semanas y aquel atento chico no me llamaba... hasta que efectivamente se acordó de mi persona. El tema de la conversación era una reunión de socios, que por razones laborales no acudí; al día siguiente otra llamada, esta vez era una comida con el presidente para colaborar en el área de difusión... primera oportunidad encontrada! Mis tareas ya comenzaron y con ellas mi ilusión de estar en algo nuevo, algo que me da material si usar y un proyecto en el que me involucraré con mucha emoción. Y el día pasó entre comas, acentos, ideas y un gran temor de redacción para hacer la carta del presidente.

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