Cuando ella no llora por la otra ella

Acabo de colgar de hablar con mi mamá, la conversación se basó en lo mal que se siente de no sentir pena por la muerte de su madre hace ya casi 2 meses. El viaje fue así: miércoles 7 de enero suena el teléfono a las 5 de la mañana... mi madre, con ese tono madrileño que tiene, me avisaba que la abuela había muerto y que preparara la maleta porque me iba a Madrid... yo por esta señora jamás he sentido un sentimiento de bondad, pero estaba conciente de que lo único bueno que había hecho en su vida era que a mi me estaba regresando a esa ciudad que tanto me llena de pasión, alegría y claritas con boquerones en vinagre. Las siguientes horas me dediqué a comprar el boleto de avión y a llorar por la pena que sentía por mi madre, porque yo iba a su tierra y no ella. Para fortuna de la otra ella, el funeral fue el más lindo al que he ido y no he ido a muchos, los copos de nieve caían sobre mis hombros, la piel se me enchinaba al tomar la mano de mi tío mientras que mis primos leían, el sistema religioso es algo que me a mi me da igual, pero estábamos todos juntos en la sierra que tan bien se veía nevada diciéndole adiós. Las lágrimas fueron viajeras conmigo y más en esos momentos en los que me venía a la mente mi madre, ¿cómo habría sido si ella no estuviera mal y hubiese ido? ¿le hubiese gritado lo mala madre que fue? ¿le habría deseado algo menos agradable del lugar al que se fue? no lo se, pero en mi siempre quedará la duda de su destino final. El viaje fue mágico, me dediqué a hacer todos los pendientes que llevaba conmigo, caminaba por Arguelles con un sentimiento que me hacía fuerte, me tomé unos boquerones haciéndole un homenaje a ella, mi madre claro, fui al hipermercado por Tortas de Inés Rosales, me comí un delicioso bacalaó, no le hice el feo a unos espárragos blancos, me tomé una que otra copa y eso fue mi auto-homenaje con J e I, entré en el café de abajo de casa para tomarme un café con porras y recorrí todo Madrid, sólo por que ella me lo había pedido y la otra ella me había llevado ahí. De regreso a México traía la maleta llena de cosas para ella, una que otra para mi y mis queridos, pero lo que más ilusión era entregarle las muchas cosas que le había comprado a cambio de 18.80 el euro por que se lo merecía! Y hoy siente pena por la otra ella, por lo mucho que no hizo y ni dijo.

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